viernes, 24 de octubre de 2008

Mi Tercer brazo

Cuando tienes un hijito pequeño le das la mazamorrita con una mano y puedes chatear muy tranquilamente con la otra, pero que pasa por ejemplo, cuando el peque, quiere que lo tengas cargado, te pide que le prepares el biberón, pero llora desesperadamente cada vez que lo dejas en el suelo, y además, hay dos o tres haciendo cola para su pedido como si uno fuera un MC Donald. La respuesta es sencilla: Necesitas un tercer brazo. No es que de pronto uno ande mal criando, haciendo todo lo que ellos quieren, pienso que cuando empiezan a ser un cuarto de docena, como es mi caso, cada chico reclama con más ímpetu su porción de cariño y engreimiento, una competencia por quien acapara más la atención. Mi esposo y yo somos concientes de esto y estamos a punto de volvernos locos. No mentira, tratamos de turnarnos, nos repartimos la torta: este para ti y este para mí. ¿Extenuante? si, porque a veces no nos queda tiempo para engreírnos el y yo. Desde que te nace el primer hijo nunca mas puedes estar tranquilo. La cosa es que cuando los hijos son chicos, te generan desgaste físico, luego cuando crecen y comienzan a caminar por el mundo, el desgaste es peor aun, es psicológico. Ahora que mis hijos son pequeños, son juguetones, son gritones y son comelones, me da ganas de salir corriendo de la casa cuando los tres al mismo tiempo demandan cada uno algo, como por ejemplo: "¿me sirves yogurt con cereal?¿me das mi leche?,quiero pan con queso, ¿me alcanzas mi juguete que esta allá arriba?, ¡quiero caca!, teta, ¡mira mi dibujo!, ¿me ayudas a hacer la tarea?” Si pues, como que no te da tiempo ni para leer el periódico, si son bebés, ni para ir al baño. Pero del otro lado, cuando crecen ¿que pasa? El otro día tuve una visión tipo Rugrats de Grandes: Mi Pablito de ahora tres años diciéndome que se iba a hacer un trabajo con un grupo de amigos y yo preocupada de donde estaría, de cómo se vendría, de que no se largue a hacer otra cosa que no sea estudiar con los amigos. No Dios. Volví a la realidad con los ojos bien abiertos y cara de susto. Fue como un mal sueño. Menos mal que la vida tiene sus etapas y cada una es como el entrenamiento para la siguiente. Pero valore muchísimo este tiempo tan alocado de mis tres campanitas. También pensé que cuando eso pase me meteré a hacer cosas que me entretengan; como mi mama que al tener a sus tres hijos casados y en sus propias ocupaciones se ha metido en clases de bailes típicos y la verdad que esta tan entusiasmada por el asunto que ahora le pedimos que ya no baile tanto, que mande foto para verla. Ella es toda una artista que se anda presentando de evento en evento con su grupo de amigos de la tercera edad, tiene el doble de vida social que yo, esta mas al día en la cartelera que yo y se conoce mas canciones toneras que yo. Si pues para todo hay que tener un plan B. Por ahora, que alguien me fabrique un lindo y estético tercer brazo.

1 comentario:

Fabián y Jenny dijo...

jajaja.. buenísimo.

Besos desde Buenos Aires!!
Jenny