Hace unos días atrás fue el segundo cumple de Tebitan, el último de mis tres chanchitos, la verdad no hicimos gran cosa, casi no hicimos nada, (pobre se nota que es el hijo tercero). Compramos una tortita, unos dulcecitos para regalarle a los compañeritos del nido y una gaseosa para compartir. Ese día llegamos al nido y las mises habían preparado ya un cartelito con su nombre que decía “Feliz cumple Esteban”, los niñitos (todos muy chiquitos) nos miraban con curiosidad y algunos, si los mirabas mucho se ponían a llorar. Esteban no cabía en su pellejo añejo de dos años, estaba felicísimo. Mandamos a llamar al Pablis (que esta en el aula de 4 años) y ya todo estaba listo para empezar la celebración o sea: soplar la vela. Por cuestiones de tiempo en el nido sólo disponíamos de media hora, y las misses tenían que continuar con lo que habían programado, así que después de servir las galletitas que llevamos, prendimos la vela. Esteban estaba tan contento que ni bien la prendimos, la apagó, y a mi se me caían las babas, porque nunca lo había visto soplar con tanto entusiasmo (es más nunca lo había visto soplar una vela) además me sentía culpable por no hacerle “una gran fiesta” pero estaba claro que a Teban eso no le importaba. Por ahí andaba Pablo sintiendo que todos los amigos de Esteban lo miraban con respeto, porque él era más grande. Cuando tocó la entrega de regalos Pablo ayudo a abrirlos, y yo sudaba porque pensaba que una cosquillita de envidia atacaría a Pablo, pero en ese momento no fue así, Pablo asumió muy bien y se sentía el “grande” del aula. Cuando volvimos a casa la situación fue cambiando, Pablito comenzó a ponerse un poquito mas insistente con Esteban, y Tebitan defendía sus nuevas pertenencias con garras y dientes (literalmente). Empezaron las pequeñas peleas por los nuevos objetos. El pico más alto fue unos días luego, en el teatro, cuando le llegó de regalo varios carritos, ahí sí que empezó la contienda. Le explicábamos a Pablo que esos eran los carritos de Teban e insistía: “pero el tiene muchos y yo no tengo ninguno” todo eso con gritos y jalones empezando la función de teatro. Yo me quería morir porque empezaron a callarnos y finalmente Esteban tuvo que salir de la sala con el papá porque no dejaba de gritar. Y yo me quede muy molesta con Pablo. Con la función se calmaron las aguas, pero en el día a día siempre hay este tipo de contiendas, ya sea por los carros, ya sea por las pistas de carros, por el scooter, por la bici nueva, hasta a veces por la tele. Estebitan acapara todo y Pablo por lo general le deja, pero hay días en los que anda cruzado y ahí si que se arma el alboroto, ¿qué hago yo mientras tanto?, trato de hablar con Esteban, trato de hablar con Pablo, a veces los separo por que ya se están metiendo manotazos y si es muy fuerte cada uno se va a su esquina, tiempo fuera para ambos. De pronto me imagino haciendo eso cuando ellos ya tengan 16 años -plop- mejor hacerlo ahora que son chiquitos. Pablo reniega de su hermanito porque no lo deja jugar, le quita todo, pero luego va y lo abraza. Y Esteban se cree dueño de todo cuanto existe, pero poco a poco y aunque no lo crean con ayuda del conflicto, él se va dando cuenta de sus fronteras, aunque a estas alturas también me parece que se va dando cuenta de cómo “contrabandearse” algo.
Por si buscan informacion este es un artículo muy claro sobre los niños y los préstamos: como enseñar a compartir a nuestros hijos
jueves, 23 de abril de 2009
Propiedad Privada
Hace unos días atrás fue el segundo cumple de Tebitan, el último de mis tres chanchitos, la verdad no hicimos gran cosa, casi no hicimos nada, (pobre se nota que es el hijo tercero). Compramos una tortita, unos dulcecitos para regalarle a los compañeritos del nido y una gaseosa para compartir. Ese día llegamos al nido y las mises habían preparado ya un cartelito con su nombre que decía “Feliz cumple Esteban”, los niñitos (todos muy chiquitos) nos miraban con curiosidad y algunos, si los mirabas mucho se ponían a llorar. Esteban no cabía en su pellejo añejo de dos años, estaba felicísimo. Mandamos a llamar al Pablis (que esta en el aula de 4 años) y ya todo estaba listo para empezar la celebración o sea: soplar la vela. Por cuestiones de tiempo en el nido sólo disponíamos de media hora, y las misses tenían que continuar con lo que habían programado, así que después de servir las galletitas que llevamos, prendimos la vela. Esteban estaba tan contento que ni bien la prendimos, la apagó, y a mi se me caían las babas, porque nunca lo había visto soplar con tanto entusiasmo (es más nunca lo había visto soplar una vela) además me sentía culpable por no hacerle “una gran fiesta” pero estaba claro que a Teban eso no le importaba. Por ahí andaba Pablo sintiendo que todos los amigos de Esteban lo miraban con respeto, porque él era más grande. Cuando tocó la entrega de regalos Pablo ayudo a abrirlos, y yo sudaba porque pensaba que una cosquillita de envidia atacaría a Pablo, pero en ese momento no fue así, Pablo asumió muy bien y se sentía el “grande” del aula. Cuando volvimos a casa la situación fue cambiando, Pablito comenzó a ponerse un poquito mas insistente con Esteban, y Tebitan defendía sus nuevas pertenencias con garras y dientes (literalmente). Empezaron las pequeñas peleas por los nuevos objetos. El pico más alto fue unos días luego, en el teatro, cuando le llegó de regalo varios carritos, ahí sí que empezó la contienda. Le explicábamos a Pablo que esos eran los carritos de Teban e insistía: “pero el tiene muchos y yo no tengo ninguno” todo eso con gritos y jalones empezando la función de teatro. Yo me quería morir porque empezaron a callarnos y finalmente Esteban tuvo que salir de la sala con el papá porque no dejaba de gritar. Y yo me quede muy molesta con Pablo. Con la función se calmaron las aguas, pero en el día a día siempre hay este tipo de contiendas, ya sea por los carros, ya sea por las pistas de carros, por el scooter, por la bici nueva, hasta a veces por la tele. Estebitan acapara todo y Pablo por lo general le deja, pero hay días en los que anda cruzado y ahí si que se arma el alboroto, ¿qué hago yo mientras tanto?, trato de hablar con Esteban, trato de hablar con Pablo, a veces los separo por que ya se están metiendo manotazos y si es muy fuerte cada uno se va a su esquina, tiempo fuera para ambos. De pronto me imagino haciendo eso cuando ellos ya tengan 16 años -plop- mejor hacerlo ahora que son chiquitos. Pablo reniega de su hermanito porque no lo deja jugar, le quita todo, pero luego va y lo abraza. Y Esteban se cree dueño de todo cuanto existe, pero poco a poco y aunque no lo crean con ayuda del conflicto, él se va dando cuenta de sus fronteras, aunque a estas alturas también me parece que se va dando cuenta de cómo “contrabandearse” algo.
Por si buscan informacion este es un artículo muy claro sobre los niños y los préstamos: como enseñar a compartir a nuestros hijos
martes, 27 de enero de 2009
Las vacaciones parte II
viernes, 24 de octubre de 2008
Mi Tercer brazo
Cuando tienes un hijito pequeño le das la mazamorrita con una mano y puedes chatear muy tranquilamente con la otra, pero que pasa por ejemplo, cuando el peque, quiere que lo tengas cargado, te pide que le prepares el biberón, pero llora desesperadamente cada vez que lo dejas en el suelo, y además, hay dos o tres haciendo cola para su pedido como si uno fuera un MC Donald.
La respuesta es sencilla: Necesitas un tercer brazo.
No es que de pronto uno ande mal criando, haciendo todo lo que ellos quieren, pienso que cuando empiezan a ser un cuarto de docena, como es mi caso, cada chico reclama con más ímpetu su porción de cariño y engreimiento, una competencia por quien acapara más la atención. Mi esposo y yo somos concientes de esto y estamos a punto de volvernos locos. No mentira, tratamos de turnarnos, nos repartimos la torta: este para ti y este para mí. ¿Extenuante? si, porque a veces no nos queda tiempo para engreírnos el y yo. Desde que te nace el primer hijo nunca mas puedes estar tranquilo. La cosa es que cuando los hijos son chicos, te generan desgaste físico, luego cuando crecen y comienzan a caminar por el mundo, el desgaste es peor aun, es psicológico.
Ahora que mis hijos son pequeños, son juguetones, son gritones y son comelones, me da ganas de salir corriendo de la casa cuando los tres al mismo tiempo demandan cada uno algo, como por ejemplo: "¿me sirves yogurt con cereal?¿me das mi leche?,quiero pan con queso, ¿me alcanzas mi juguete que esta allá arriba?, ¡quiero caca!, teta, ¡mira mi dibujo!, ¿me ayudas a hacer la tarea?” Si pues, como que no te da tiempo ni para leer el periódico, si son bebés, ni para ir al baño. Pero del otro lado, cuando crecen ¿que pasa? El otro día tuve una visión tipo Rugrats de Grandes: Mi Pablito de ahora tres años diciéndome que se iba a hacer un trabajo con un grupo de amigos y yo preocupada de donde estaría, de cómo se vendría, de que no se largue a hacer otra cosa que no sea estudiar con los amigos. No Dios. Volví a la realidad con los ojos bien abiertos y cara de susto. Fue como un mal sueño. Menos mal que la vida tiene sus etapas y cada una es como el entrenamiento para la siguiente. Pero valore muchísimo este tiempo tan alocado de mis tres campanitas. También pensé que cuando eso pase me meteré a hacer cosas que me entretengan; como mi mama que al tener a sus tres hijos casados y en sus propias ocupaciones se ha metido en clases de bailes típicos y la verdad que esta tan entusiasmada por el asunto que ahora le pedimos que ya no baile tanto, que mande foto para verla. Ella es toda una artista que se anda presentando de evento en evento con su grupo de amigos de la tercera edad, tiene el doble de vida social que yo, esta mas al día en la cartelera que yo y se conoce mas canciones toneras que yo. Si pues para todo hay que tener un plan B. Por ahora, que alguien me fabrique un lindo y estético tercer brazo.
martes, 12 de agosto de 2008
¡Jaque Mate!
¡¡¡Llego papa!!! Grité mientras Tito cruzaba la puerta pareciendo un Ekeko. Cargaba maletas de ropa, maletas de equipos, y mochila (con más equipos). Todos salieron corriendo por el pasadizo y saltaron encima de él justo cuando se enderezaba. Primero Esteban que se ocupo un brazo, Pablo que se ocupo el otro y JD que saltó a donde pudo y cayó en una pierna. Todos estábamos felices porque este viaje había coincidido con la última semana de vacaciones así que extrañamos un poco más a papá. Los chicos seguían trepados en donde podían. Era un loquerío. Tito empezó a sacar los regalos. Unos chullos para los chicos, unas pashminas para mi, las cajas del snack del avión. Al final de todos los revoltijos, empezó a desenvolver un periódico y parecía que una luz salía de este e iluminaba nuestros ojos a la vez que nos quedábamos boquiabiertos. ¡Guauuuuu! dijimos todos juntos. Era un lindo juego de ajedrez versión Inca con cajita de madera pintada al estilo cuzqueño. Dentro venían las piececitas de cerámica, unas miniaturas, y todos empezamos a agarrarlas para ver lo lindas que eran, y por accidente, Papo (JP), en un segundo, le hizo jaque mate al rey que acababa de llegar a nuestra casa.
miércoles, 28 de mayo de 2008
LO QUE PIENSAN LOS NIÑOS DE LAS MAMÁS...
martes, 20 de mayo de 2008
Vamos Castores!!!
¡¡Que lindo!! Asi son todos. Como que hoy por la mañana, muy temprano, a la hora que mi hijito va para el cole, me hace recordar que tengo que enviarle los materiales para su experimento. Y yo corro sin zapatos, empijamada, despeinada y con mis lentes desencajados (porque Teban, el menor de los tres, se chupo mis anteojos y obvio los dejo chuecos) a sacar el vinagre, el agua y el huevo. Y ¡oh sorpresa! cuando JD me dice: mamá por si aca no tengo que llevar un "huevo" sino un "hueso". Pequeño detalle cambiar una "v" por una "s" en la agenda de tareas, ¡¡¡¡Y para colmos uno crudo!!!! Abro desesperadamente el refrigerador y... chess solo hay nuggets!!! Cero de nota para la mamá que no pudo conseguir un hueso crudo y limpio, listo para el experimento a las 6:40 de la mañana.